Maternidad desde la Gestalt: amar a tu bebé sin perderte a ti

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Maternidad desde la Gestalt: amar a tu bebé sin perderte a ti

La maternidad puede ser una de las experiencias más profundas y transformadoras… y también una de las más demandantes. A veces se habla de ella con un brillo que no deja espacio para lo real: el cansancio que te dobla, el cuerpo que duele, el miedo, la soledad, la culpa, la sensación de “¿en qué momento dejé de ser yo?”.

Desde la Terapia Gestalt, el punto no es idealizar ni dramatizar: es mirar con honestidad, con respeto y con humanidad. Valorar la maternidad sin romantizarla. Darle lugar a lo luminoso, sí, pero también a lo que pesa. Y, sobre todo, recuperar algo clave: la posibilidad de pedir ayuda y volver a ti.


La mirada Gestalt: lo que te pasa tiene sentido en tu contexto

En Gestalt entendemos a la persona como parte de un campo: tu historia, tu cuerpo, tu red de apoyo, tus creencias, tus exigencias, tu situación económica, tu relación de pareja, tu descanso (o falta de él), tu propia infancia. Nada de lo que sientes aparece “de la nada”.

La Gestalt se centra en dos ideas que en maternidad se vuelven oro:

  • Darte cuenta (awareness): notar qué estás sintiendo, pensando y necesitando aquí y ahora, sin juzgar.
  • Apoyo: reconocer con qué cuentas (interno y externo) para sostenerte y qué te falta para estar mejor.

Cuando una mamá se siente rebasada, no es “porque es débil”. Muchas veces es porque está intentando maternar con el cuerpo agotado, con poco sueño, con poca tribu y con demasiadas exigencias encima.


El introyecto de “la buena mamá” y la violencia silenciosa de la culpa

En Gestalt llamamos introyectos a esas ideas tragadas “sin masticar”, que se vuelven reglas internas:

  • “Una buena mamá puede con todo.”
  • “Si me quejo, soy desagradecida.”
  • “Si necesito ayuda, es que no sirvo.”
  • “Primero mi bebé, yo después (si sobra).”

El problema no es amar a tu bebé (eso suele estar). El problema es que ese amor se convierte, sin querer, en una condena: desaparecerte.

Y ojo: muchas mamás no extrañan su “vida de antes” por egoísmo. La extrañan porque su identidad también necesita aire. No es “o el bebé o yo”. La meta es: bebé y yo.


Lo que no siempre se dice: depresión posparto, ansiedad, agotamiento y duelo por una misma

Baby blues vs depresión posparto (y por qué importa)

Es común vivir altibajos emocionales después del parto (llanto fácil, irritabilidad, ansiedad leve). A esto se le llama a veces “baby blues” y suele durar poco, típicamente días o hasta un par de semanas. Pero cuando los síntomas son más intensos, duran más, o interfieren con tu vida, puede tratarse de depresión posparto.

Señales de alerta que merecen atención profesional:

  • Tristeza profunda o sensación de vacío persistente
  • Culpa intensa, desesperanza, sentir que “no puedes”
  • Irritabilidad o enojo que te asusta
  • Dificultad para vincularte con tu bebé
  • Cambios fuertes en sueño o apetito (más allá de lo esperable por el cuidado)
  • Pensamientos de hacerte daño o de que tu bebé estaría mejor sin ti

Si algo de esto te está pasando, no lo “aguantes”. No es falta de amor. Es salud mental. Y tiene tratamiento.

El cansancio que no es “normal”

Sí, maternar cansa. Pero hay un cansancio que ya no es solo físico: es cansancio del alma, de no parar, de sostener a todos sin sostén para ti. Cuando el descanso nunca llega, el sistema se desregula: se altera el ánimo, baja la tolerancia, sube la ansiedad, aparece la desesperación.

El duelo: perderte a ti misma (y no saber cómo volver)

Mucho de lo doloroso no es “mi bebé”; es la sensación de haber perdido:

  • tu tiempo,
  • tu cuerpo como lo conocías,
  • tu libertad,
  • tu ritmo,
  • tu espacio mental.

En Gestalt, a esto le damos un nombre simple: duelo. Y el duelo necesita ser reconocido para poder transformarse. Negarlo solo lo vuelve más pesado.


Interrupciones del contacto: cuando te desconectas de ti para sobrevivir

En maternidad es común que aparezcan formas de “cortar” el contacto contigo misma para poder seguir:

  • Retroflexión: te tragas el enojo, te lo haces a ti (“me aguanto”, “no importa”, “yo puedo”).
  • Confluencia: te fusionas tanto con el bebé/rol de mamá que ya no distingues tus necesidades.
  • Deflexión: te distraes para no sentir (scroll infinito, hiperactividad, “no pienso”).
  • Introyectos: obedeces reglas internas sin cuestionarlas.

No lo digo para “analizarte”, sino para que te quede claro algo: no estás loca. Estás adaptándote como puedes.


También hay luz: lo positivo sin romantizar

Valorar la maternidad no es decir “todo es hermoso”. Es reconocer que, aun siendo difícil, puede traer:

  • una conexión nueva con tu sensibilidad y tu fuerza,
  • un amor que te reordena prioridades,
  • una oportunidad real de poner límites,
  • una redefinición de lo esencial,
  • una profundidad emocional que antes no existía.

Pero esa luz no debería costarte tu salud. La maternidad florece mejor cuando la mamá también está sostenida.


Experimentos Gestalt: prácticas pequeñas para volver a ti (sin exigirte perfecto)

1) Check-in de 90 segundos (2 veces al día)

Pon una mano en el pecho o abdomen y pregúntate:

  • ¿Qué siento ahora?
  • ¿Qué necesito ahora, aunque sea pequeño?
  • ¿Qué puedo pedirme a mí hoy con amabilidad?

Nombra lo que aparece sin corregirlo. El nombre baja la carga.

2) “Hoy no puedo con todo” (y está bien)

Elige una cosa que vas a soltar hoy: una tarea, una expectativa, una comparación.
Esto no es mediocridad: es autorregulación.

3) Dos sillas: “Mamá” y “Mujer”

Si tienes 10 minutos:

  • Siéntate como “Mamá” y habla: ¿qué temes?, ¿qué necesitas?
  • Cambia a “Mujer” (tu parte personal) y responde: ¿qué extrañas?, ¿qué pides?
  • Vuelve a “Mamá” y busquen un acuerdo mínimo para hoy.

No se trata de resolver tu vida. Se trata de recuperar diálogo interno.

4) Micro-tiempo propio (realista, no ideal)

No esperes “una tarde libre” si no existe. Empieza con:

  • 3 minutos de respiración
  • 5 minutos de baño consciente
  • 7 minutos de música
  • 10 minutos para escribir o estirar

Lo importante es el mensaje: “yo también existo aquí.”

5) Pedir ayuda como práctica, no como último recurso

Haz una lista de apoyo en 3 niveles:

  • Nivel 1 (simple): alguien que pueda traerte comida / hacer un mandado.
  • Nivel 2 (medio): alguien que cuide al bebé 30–60 min.
  • Nivel 3 (profesional): médico, psicoterapia, grupo posparto.

Pedir ayuda no es fallar. Es madurez emocional.


Buscar ayuda: cuándo y por dónde empezar

Si estás sintiendo que algo te rebasa, que ya no disfrutas nada, que estás en piloto automático o que te asustan tus pensamientos, lo más sano es hablarlo. Puedes empezar por:

  • tu ginecóloga(o) o médico familiar,
  • psicoterapia (idealmente con enfoque perinatal),
  • grupos de apoyo posparto,
  • evaluación médica si hay síntomas físicos fuertes (tiroides, anemia, etc., que pueden influir en el ánimo).

Si estás en México, la Línea de la Vida ofrece orientación en salud mental 24/7: 800 911 2000.
Y si hay riesgo inmediato (ideas de hacerte daño o de dañar a alguien), llama al 911 o acude a urgencias.


Para quien acompaña a una mamá: qué sí ayuda

Si eres pareja, familia o amiga:

  • No digas “échale ganas”. Di: “¿qué necesitas hoy?”
  • Ofrece ayuda concreta (comida, lavandería, cuidar al bebé 40 min).
  • Valida el sentir sin discutirlo.
  • Si ves señales de alarma, acompaña a buscar ayuda profesional.

Cierre: no tienes que elegir entre ser mamá y ser tú

La maternidad no debería ser una desaparición. Puede ser una etapa de construcción nueva, más real, más humana… si se suelta la exigencia imposible y se permite apoyo.

Si hoy te sientes perdida, cansada o triste, no significa que seas mala mamá. Significa que eres una persona atravesando una experiencia intensa. Y mereces ser mirada, escuchada y sostenida.